¿Por qué yo digo NO a la LSP?

En 2003 comencé la carrera en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, en la Politécnica de Madrid para los que no la conozcáis. Elegí la carrera sabiendo, al contrario de muchos de mis compañeros, cómo era luego el ejercicio de la profesión, porque mi padre (como ya sabéis los que conozcáis un poco la página y los que nos conocéis personalmente) es arquitecto técnico/aparejador/ingeniero de la edificación y digo las tres cosas, porque su titulación y atribuciones profesionales también tienen para hacer un post aparte sobre los cambios y penurias que han sufrido. Como decía, ya sabía lo que me esperaba, y sabía que lo más probable es que por mucho que me contaran historias, nunca ganaría el concurso de un museo en Ámsterdam, ni el proyecto de rehabilitación del Coliseo de Roma, pero que era posible que pudiera hacer viviendas unifamiliares para las que personas anónimas habían ahorrado durante años, o quizá le podría arreglar esa planta entrecubierta con ese tejado por el que lo único que entraban eran goteras a ese hombre tan simpático del pueblo de al lado, o podía pensar cómo una lonja vacía se convertía en local comercial atractivo para el público y muchas otras cosas, por las que no iba a salir en “El Croquis” pero que seguramente me crearían más satisfacción personal que esto último.

Así que en 2003 allí me planté, en Madrid, el día 8 de septiembre, empezando las clases 1 mes antes que el resto de mis amigos (¿quién me había asegurado que la universidad empezaba en octubre?), y me pasé un cuatrimestre entero dibujando a carboncillo cajas apiladas con luces puestas en distintos puntos, sombras por aquí y por allá, y pensando qué sentido tendría todo aquello y qué quería decir aquel profesor tan “extraño” (J. Seguí) que me había tocado cuando hablaba un buen rato sobre temas casi inconexos. Poco tiempo después descubrí que todo esto tenía que ver con una frase de un tal Lecorbusier que dijo que "La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz”

Miré el plan de estudios y resultó que tenía 9 (¡¡¡¡9!!!!!) asignaturas de Proyectos, ya desde el primer curso, 4 (¡¡¡¡4!!!!) asignaturas de urbanismo, 5 de Estructuras, 4 de Construcción, y un largo etcétera. En proyectos el temario era variado, pero sólo por encima os quiero contar qué tipos de proyectos hice: vivienda para un pintor entre medianeras, vivienda en planta baja para familia numerosa, bloques de viviendas para familias con pocos recursos, torres de viviendas con comercio en Vallecas, viviendas de integración para personas en riesgo de exclusión social,… también proyecté una universidad en altura, una escuela, un centro religioso y otra gran diversidad de programas, y muchos de ellos llevaban unido la urbanización del entorno

Y me empezaron a dar teoría sobre arquitectos de los que no había oído hablar en mi vida, y que al poco tiempo eran como de la familia (que si Mies, que si “Lecorbu”, que si un tal Kahn y sus espacios servidos y espacios servidores,…), me enseñaron viviendas que no sólo me parecieron genialidades, sino que además se instalaban en un rinconcito de mi memoria y no salían de ahí ni a palos (La Casa de la Cascada, Casa das Canoas, Villa Mairea, Villa Saboya…).

Y después me empezaron a hablar de japoneses increíbles, cuidadosos, meticulosos (¡yo que a los japoneses les relacionaba con el manga y los videojuegos!): SANAA, Tadao Ando, Shigeru Ban… y de arquitectura nórdica, y de arquitectura brasileña y de miles de arquitecturas distintas, y aprendí que una vivienda cuando es buena se ve y cuando es mala, se ve también…

Y luego me inculcaron que cuando nos encargan un trabajo, no nos debemos conformar con hacer lo que nos piden, debemos intentar mejorar lo que el cliente cree que quiere, y que a veces lo que quiere no es lo que necesita, y debemos intentar conjugar todas esas variables y darle siempre algo mejor de lo que espera, porque nosotros tenemos las herramientas y los conocimientos para hacerlo.

Y os podría contar muchas anécdotas de la carrera, muy enriquecedoras, sobre cómo tuve que vencer mi vértigo para hacer fotos “especiales” de la escalera del Círculo de Bellas Artes de Madrid, de cómo un día me vi en la Casa de Campo, intentando sacar fotos de lo poco que quedaba, en un estado de conservación lamentable del Pabellón de España de Corrales y Molezún para la Exposición Universal de Bruselas del ’58 y sentí pena verdadera porque una joya como ésa estuviera así…

En los años de carrera, estar sin dormir noches enteras por acabar un proyecto, una entrega de urbanismo o de cualquier otra asignatura era algo habitual, y aunque al principio pensé que era yo que me organizaba mal, resulta ser que no, que nos pasaba a todos y me atrevería a decir que sin excepción.

No sólo hacemos proyectos, hacemos tasaciones, sabemos porqué se ha producido una grieta y porqué no, calculamos estructuras, creamos interiores acogedores y útiles, sabemos mucho de arquitectura temporal, y estamos concienciados (sino todos en su mayoría) con el ahorro energético y su aplicación a la arquitectura…

Pero no quiero engañar, a mi no me enseñaron a calcular una presa, ni a automatizar una máquina, no sé nada de aviones, y de hidráulica muy muy poco. Sé lo que sé, ni más ni menos, y de lo que sé, aún me queda mucho por aprender, y soy Arquitecta, no soy Ingeniera Industrial, ni de caminos ni de ninguna otra cosa. Y valoro sobremanera esas carreras, porque conozco a muchos y son buenos en lo que hacen, como nosotros somos buenos en lo que hacemos, y sé que conocer mis fortalezas es tan importante como conocer mis debilidades, y que pedir ayuda es lo mejor que se puede hacer cuando por uno mismo no se saben resolver los problemas.

Pero amigos, al César lo que es del César, y quien piense que edificar es proyectar, o que da lo mismo Seseña que Brasilia… amigos… estáis muy confundidos. Las reservas profesionales, esa mal llamada “exclusividad” no es más que una respuesta a nuestro Plan de Estudios, que está enfocado a que sepamos hacer ciertas cosas, y esas cosas las sepamos hacer bien.

Y por todo esto, yo digo NO A LA LSP.

 

P.D. Por supuesto, me dejo muchas cosas en el tintero, es imposible meter en un post toda la experiencia de la carrera, más mi experiencia previa y la posterior, y cada uno tendrá sus propias experiencias, pero creo que lo que he escrito es común a la mayoría de los que estamos metidos en este mundo, que parece que a veces se desmorona.